Triunfo Trabajado en la Ciudad de los Vientos

Concentración pura de principio a fin. Foto: Charles Rex Arbogast/AP (vía FanFeedr).

Cuando los Marlins visitan Chicago, y más concretamente el Wrigley Field, es imposible no acordarse de nuestra espectacular campaña de 2003, que vio a los Cubs como víctimas de la entrada más famosa en nuestros 19 años de vida como club.

Y con esa mentalidad fue que la escuadra de Ozzie Guillén salió a luchar contra los chicos del Lado Norte. El enfrentamiento de abridores vio a Aníbal Sánchez medirse contra Travis Wood, quien llevaba una racha de cuatro salidas consecutivas con una victoria. El duelo fue parejo durante las primeras tres mangas, en las que ambos intercambiaron ceros.

La nave miamense comenzó a exhibir la artillería en la cuarta. Carlos Lee, “El Caballo”, conseguiría el primer imparable del día para las tropas y llegaría a la registradora gracias a un sencillo de Austin Kearns. Inmediatamente después, Omar Infante consiguió su octavo vuelacercas del año, dejando a los peces 3-0 arriba. Pero faltaba más. En la quinta, el mismo Lee consiguió su primer cuadrangular como miembro de los Marlins, gracias a este Grand Slam que atrapó un hincha de nuestros colores. Un souvenir que durará toda la vida, según dice el conocido cliché. Gracias a ese batazo, el panameño sumó su 17º GS de por vida, empatando la marca de Jimmie Foxx.

Wood (L, 4-4) sería retirado del partido luego de conceder la escalofriante cifra de ocho carreras limpias y el mismo número de hits en tan sólo 4 2/3 episodios, cortando su racha de la misma forma en la que el Coyote se estrellaba contra los túneles falsos persiguiendo al Correcaminos.

Infante pondría las cosas 8-0 gracias a su segundo imparable del día ante Rafael Dolis y Hanley Ramírez sumaría otro punto más con su 14º cañonazo de la temporada en la séptima. La ventaja parecía excesivamente cómoda, pero los dirigidos por Dale Sveum comenzaron a descontar poco a poco. Primero fue un cuadrangular en solitario de Jeff Baker, y luego el error de Hanley Ramírez que permitiría a Geovany Soto cruzar el plato. Esas dos carreras -una limpia- serían todo lo que Aníbal (W, 5-6) cedería en siete sólidas mangas, además de nueve hits, dos boletos y siete strikeouts.

Chad Gaudin entró a lanzar la octava y lo hizo pésimo -con lo que ya se ganó, en mi humilde opinión, la democión inmediata a Triple A-, permitiendo tres carreras sin sacar un out, con lo que la ventaja se cortó a la mitad sin más ceremonias. Más encima se dio el cuestionable lujo de efectuar un wild pitch. Entre pifias bien merecidas, Ozzie lo sacó y envió a Randy Choate -quien supuestamente tenía el día libre- a tratar de sacar a los Marlins del tremendo embrollo. Vaya que lo logró, colándole el tercer strike a David DeJesús e induciendo una doble matanza del tipo 3-6-1.

Heath Bell lanzó una novena perfecta, sin salvamento de por medio, para darle el portazo final a los Cubs y entregarle a los Marlins el primer juego de la serie, así como su victoria número 44.

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