Sobran los Adjetivos

La mejor palabra para describir lo logrado por Miami en la noche de ayer.

Como si quisieran acallar todas y cada una de las críticas que fans, bloggers, periodistas y miembros de la Front Office les hicieran desde el primer día de la temporada, los Marlins montaron una auténtica clínica de bateo en el Citi Field y aplastaron sin compasión a unos impotentes Mets.

Lisa y llanamente, los peces hicieron la réplica más fiel de matar a la hormiga con una bomba nuclear. La escuadra de Ozzie Guillén anotó 13 carreras utilizando el mismo número de imparables. Cuatro de ellos fueron vuelacercas. Siete miembros de la nave miamense consiguieron imparables, seis de ellos impulsaron al menos una carrera y ocho cruzaron el plato al menos una vez. Cada at-bat de los peces era una verdadera tortura para los 26.193 miembros de la parcialidad local, que llego a quedar pálida de tanto contener el aliento.

Las grandes estrellas de la jornada fueron Giancarlo Stanton -4 de 5, 2 HR, 4 RBI-, a quien el mes de inactividad no parece haberle pesado nada; José Reyes -1 de 3, HR, 2 R-, quien extendió su racha a 26 juegos consecutivos con al menos un hit; Bryan Petersen -1 de 6, 3B, 3 RBI-, quien venía bateando apenas .180 y cuyo triple en la octava dejó al estadio helado; y Greg Dobbs -2 de 5, HR, 2 RBI-. Ellos fueron la principal avanzada del ataque que dejó con traumas permanentes a Chris Young (L, 3-6). El enhiesto abridor neoyorquino salió del partido bañado por una oleada de pifias, habiendo completado apenas 4 1/3 entradas, en las que cedió siete carreras e igual número de hits. Tres de ellos fueron homeruns. Al menos puede tener el consuelo de que sus relevistas lo hicieron tan mal como él: 6 ER y 6 H en 4 2/3 IP.

Terry Collins debe haber sufrido el alza de presión más larga de su vida. Foto: Henny Ray Abrams/AP (vía FanFeedr).

Mientras los muchachos de Terry Collins sufrían de lo lindo con cada segundo del juego, Nathan Eovaldi (W, 3-7) se dedicó a hacer lo suyo. Sobreponiéndose a seis boletos, el diestro de 22 años completó cinco entradas, en las que cedió cuatro míseros incontestables. Ryan Webb lo relevó en la sexta con dos a bordo y se las arregló para escaparse del atolladero mediante un double play y una bola rasa. Algo que predije en su debido momento.

Webb completaría dos mangas y luego entregaría el mando de la lomita a Chris Hatcher, quien selló el blanqueo y una noche en la que todos los adjetivos con connotaciones positivas serían insuficientes para describirla. Es la segunda vez en todo el año que logramos anotar al menos 10 carreras en un partido, por lo que estar extasiado es decir poco. Muy poco.

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