Otro juego estrecho -ya he perdido la cuenta de cuántos van en el año- nos tocó ayer en el cierre de la serie ante los Dodgers de Los Angeles. Habiendo perdido los dos primeros encuentros, evitar la barrida era una prioridad -otra constante-. Dos señales que no hacen más que reforzar la sensación de fracaso que ha llenado este año de punta a punta.
El veterano zurdo Mark Buehrle (W, 12-11) tomaba el mando de la lomita contra Aaron Harang. Mantuvo a raya a los ultra-reforzados blues durante 5 2/3 entradas, en las que cedió una mísera carrera -gracias a un sencillo impulsor de Adrián González- y seis imparables. A pesar de ceder tres bases por bolas -algo muy poco habitual en él, dado su excelente control-, se las arregló para salir de un atolladero mayúsculo en la quinta: con las bases llenas, causó que Hanley Ramírez bateara un inofensivo pop-up y André Ethier rompiera su bate en una bola rasa al campocorto. Esa presentación fue suficiente para anotarse el triunfo, categoría en la que es líder indiscutido dentro de la nave miamense.
Cuatro relevistas se las arreglaron para seguir la faena de Buehrle -cediendo colectivamente un punto y cinco imparables- antes de que Steve Cishek lanzara los últimos 1 1/3 episodios para anotarse su undécimo salvamento del año. Y siguió los pasos de Buehrle, ya que González no pudo aprovechar otra situación con casa llena, bateando una bola alta que cayó mansamente en el guante de Giancarlo Stanton.
Harang (L, 9-8) cedió apenas tres carreras en 5 1/3 innings, todas gracias a dos cuadrangulares. Stanton se llevó la cerca por 29ª vez en lo que va de temporada y Rob Brantly, nativo californiano, conectó el primer cuadrangular de su carrera a lo más profundo del jardín derecho. Esa pelota se irá a un pedestal de lo más bonito, señoras y señores.
Luego de un cobro de interferencia que tuvo a los árbitros discutiendo por cinco minutos, podemos adelantar la cinta hasta la parte alta de la octava. Otro ex-Marlin, Randy Choate, lanzaba contra Bryan Petersen. Choate había dejado varados a 38 de los 48 corredores que había heredado hasta ahora. Pero no contaba con que Ramírez tenía guardado algo clásico de su repertorio: un enorme エラー en esa bola rasa que dio a los dirigidos de Ozzie Guillén una póliza de seguro.
Una impresión de Masaru Uno que habría dejado pálido hasta al mismísimo original. Otra prueba de que Hanley sigue siendo el mismo mal defensa de toda la vida, y que esa gran calificación F en la categoría de guante le queda como anillo al dedo. En un futuro, el público de LA tendrá que soportar el ver horrores de este estilo -la secuencia para la risa comienza a partir de 1:04-.
Sendos cuadrangulares de José Reyes y Carlos Lee en la parte alta de la novena dejarían las cosas 6-2 a favor de Miami, resultado que sería definitivo, además de ser una extraordinaria inyección de moral. Hoy tendrán día libre, y mañana abrirán una corta serie de dos juegos contra los detestables Nationals de Washington.
