El Asunto Stanton

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¿Cuánto tiempo le queda a Giancarlo Stanton como residente del acuario? Una pregunta nada fácil de contestar. Foto: Marc Serota/Getty (vía Bleacher Report).

El primer post de este año que recién comienza abordará un tema bastante delicado, en especial si consideramos que los Marlins de Miami se balancean sobre una cuerda excesivamente floja luego de la purga hecha hace poco.

Y el sujeto de análisis es nada menos que el rostro de la franquicia: Giancarlo Cruz-Michael Stanton. El mismo jugador cuya disposición hacia el club está inclinándose hacia lo hostil luego del mega-canje con Toronto.

Es en el mismo terreno donde se centra la controversia. Giancarlo demostró públicamente su desconcierto y enfado tras haber visto cómo cinco de sus compañeros tenían que hacer las maletas y partir hacia la frontera norte. Ver cómo se desmantelaba el plantel dejó a nuestra súperestrella en el terreno de la alienación y el cuestionamiento. Muchos vimos cómo el puente que lo unía al echelon superior del club se rompió irremediablemente.

Así comenzaron a volar los rumores de que también sería traspasado a otro club. Aunque la Front Office dijo hasta el cansancio que las posibilidades de hacer un traspaso eran “cero” -también confirmado a través de los reporteros a nivel nacional-, lo cierto es que han escuchado, por política corporativa, todas las ofertas por Stanton. ¡Y qué ofertas han sido! Considerando que nuestro sujeto apenas tiene 23 años y una capacidad inmensa para jugar béisbol, no creo exagerar cuando lo mínimo que los Marlins deberían obtener en este escenario hipotético sería un paquete que incluye a los cuatro mejores prospectos de la contraparte, más otros dos o tres jugadores que podríamos calificar de Clase B. De más está decir que dichas piezas deben estar listas para contribuir en el nivel superior de forma inmediata.

Hal Bodley, columnista de MLB.com, desarrolla este argumento en su artículo más reciente:

Incluso con Stanton en la alineación, los Marlins no ganarán muchos más juegos en 2013. Es cierto que entusiasma a los fans, pero por duro que pueda sonar, a veces es mejor añadir mediante sustracción. Stanton no hará la diferencia entre ganar o perder mientras el equipo se reconstruye.

El mismo punto es abordado por Joe Frisaro, reportero oficial del club:

Stanton no llegará al arbitraje hasta 2014 y a la agencia libre hasta el 2016, así que los Marlins no tienen prisa por canjearlo. Sin embargo, es poco probable que firme un contrato a largo plazo.

Parece cada vez más inevitable que Stanton será traspasado antes de convertirse en agente libre, ya que los Marlins están recargando su plantel y buscarán añadir tantas piezas de calidad como sea posible en los próximos años.

Todo esto suena muy tentador y emocionante -como las buenas telecebollas-, pero también existe el lado negativo del asunto: la reacción de los forofos, muy golpeados tras ver partir a José Reyes, Mark Buehrle y compañía sería diez, cincuenta e incluso cien veces peor. Muchos se tomarían la posibilidad de boicotear al club en serio, o simplemente renunciarían a apoyar a Miami y se buscarían otro club. Es comprensible: Giancarlo Stanton es, a estas alturas, el único estímulo que la fanaticada tiene para ver jugar a los Marlins, aunque sea a través de la caja idiota. Moverlo a otras aguas sería un golpe directo al mismísimo corazón de la franquicia, que bien podría traducirse como una sentencia de muerte en todo el sentido del concepto.

Haciendo un paralelismo, que Miami se desprendiera de Stanton sería como si los Yomiuri Giants hubiesen dejado partir a Sadaharu Oh en el mejor momento de su carrera. Así de simple. Así de duro.

Si el estímulo llegara a desaparecer, la mayoría de la gente que reside en el Sur de la Florida preferirá gastar su tiempo en otras cosas -y evitarse los frecuentes atascos de tráfico- antes de ver a un plantel lleno de perfectos desconocidos jugando 162 partidos al año. Jeffrey Loria y sus secuaces ya no tienen margen de error. Se metieron con sus propias tiradas del dado entre la espada y la pared, con los ojos de todo el mundillo del béisbol puestos encima. La esférica está ahora en su terreno; sólo es cuestión de ver qué demonios harán con ella.

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